ANTONIO MAIRENA. TRES ASPECTOS DETERMINANTES EN SU VIDA Y EN SU OBRA

Consideraciones previas

El presente trabajo no pretende ser un estudio exhaustivo sobre la temática tratada. Mucho menos pretende agotar la cuestión, que por otra parte consideramos que además de esbozada deberá quedar abierta para ser convenientemente profundizada en el futuro.
También conviene advertir, que el que Antonio Cruz García pueda ser considerado el cantaor más grande de la historia del flamenco (1), o uno de los más hegemónicos, no se explicaría únicamente, como es lógico, por los supuestos de este trabajo. Aspectos relacionados con su altísimo cociente de inteligencia y sus excepcionales condiciones vocales y musicales, entre otros factores, estarían en la base de su éxito.
Los tres aspectos anunciados se encuentran en el ambiente modulador vivido por El Maestro. En primer lugar, lo referido a las condiciones de tolerancia y apoyo proporcionadas por “las mujeres” en su vida. A lo que hay que añadir otros dos episodios, en la pubertad y adolescencia, con un alto componente de refuerzo social. En segundo lugar, lo que podíamos denominar ambiente artístico – musical a partir de las condiciones socio – familiares. Finalmente, la constitución y desarrollo de una moralidad singular, del mismo modo forjada particularmente en la infancia.

……………………………..

Introducción

Ortega y Gasset, uno de los grandes pensadores patrios dejó para la historia la celebre frase: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo” (2). J. B. Watson puso de manifiesto, a lo largo y ancho de su obra, el como las condiciones a las que se ven sujetas las personas condicionarán su futuro. Ahí esta su celebre aseveración referida a una docena de niños, de los que independientemente “de su talento, inclinaciones, tendencias, aptitudes, vocaciones y raza de sus antepasados” podrían ser desde médicos y abogados a mendigos y ladrones. (3). F. B. Skinner dedicará toda su vida a demostrar científicamente como el ambiente sería determinante en el desarrollo humano posterior (4). Finalmente, la interdependencia recíproca entre el ambiente y la conducta, nos será puesta de manifiesto por Bandura (5).
Antonio Cruz García, como es natural, fue también producto de las circunstancias ambientales que lo rodearon, modularon y determinaron toda su fecunda vida.
Por lo demás, referido a su infancia, pocos y muchos datos, según se mire. Las fuentes más abundantes están en su autobiografía (6), lo que puede añadir una carga de subjetividad. En favor de la objetividad están, su honestidad, el sentido ético de la vida, la valentía, la elegancia y en definitiva el estricto sentido de “pureza” como autenticidad, valores que marcarían de forma indeleble la trayectoria vital del Maestro, y por lo tanto aval de lo que dijo.
Para este modesto y sucinto trabajo únicamente se ha recurrido a esas mencionadas fuentes.

……………………………………………….
La construcción de una sólida personalidad.

Podemos definir brevemente la autoconfianza como la capacidad para anticipar el éxito en la toma de decisiones. Y añadir que independientemente de la opinión de los demás. Dicho llanamente: el creer en uno mismo de forma sensata. La autoconfianza fundamenta la autoestima. Y ambas significaciones están en la base de la personalidad, de manera que cuando decimos de alguien que tiene una “acusada personalidad”, estamos diciendo qué está muy segura de si misma. Como todo lo que se refiere a las conductas del ser humano, sean simples –hábitos rutinarios-, o complejos –actitudes y valores-, se aprenden básicamente en la infancia. Este aprendizaje nos vendrá dado, de forma particular, por los modelos de referencia que tengamos y por como el entorno psicoeducativo apoye, ignore o castigue la conducta del niño. Ante una persona con alto grado de autoconfianza sabemos que ha recibido mucho más apoyo que castigo, y cuando la conducta no ha sido la apropiada, el entorno –es decir, los mayores como referentes del niño, explicarán, corregirán, …. y en el peor de los casos “mirarán hacía otro lado”. Pero no castigarán, o de hacerlo, será moderadamente y de forma contingente con la conducta a corregir.
La seguridad que Antonio Mairena demostró, en lo que hizo a lo largo de toda su vida, únicamente puede ser la consecuencia de la autoconfianza. Y algunos retazos de la misma podemos rastrearla en su autobiografía.
Al hablarnos de sus primeros años Mairena nos dice: “Entre mis recuerdos más lejanos y nebulosos destacan algunas entrañables figuras de mujeres gitanas que yo siempre tengo presentes en mi memoria. La primera ellas es mi madre” (7), sigue hablando de Irene -sobrina de Diego el de Brenes y amiga íntima de su madre- “La gitana que me cortó las uñas a los pocos días de nacer…”. Este hecho, que indica familiaridad continuada en el tiempo y clara relación de afecto lo repite en dos ocasiones. Nos habla seguidamente de su tía abuela Francisca “…a la que mi abuela –La Morena- tenía recogida” para decirnos “…que en mi infancia bregó mucho conmigo” y lo más importante, que esa brega se concretaba en: “…me quería mucho y me cuidaba”, para acto seguido señalarla como una excelente cantaora de romances de la que “…aprendí el romance de Gerineldos, el de Bernardo del Carpio, el del Conde Niño…” (8). Mención aparte merece su abuela materna: “…Y recuerdo también, sobre todas, a mi abuela María Eugenia, …” La Morena, con la que el niño y el joven Antonio tuvo siempre una complicidad especial, y como es de suponer una fuente de refuerzo externo abundante y que el futuro genio del cante iría transformando progresivamente en una afianzada autoconfianza a prueba de desencantos y variadas frustraciones. “Yo casi siempre andaba con mi abuela. Prácticamente me crié en su casa, que, durante mi adolescencia, era para mí como un refugio. En ella pasaba más tiempo que en la de mis padres” (9); para añadir más adelante: “En el año 1945, mi abuela La Morena, (….) falleció, y su muerte me llenó de tristeza. Ella había sido tanto como una madre para mí.” (10). Y su madre, probablemente más por el sentido simbólico que por la relación afectiva -era el mayor de seis hermanos y es de suponer que su madre tuviera suficiente ocupación con la prole-, era mucho para él. “El año 1928 no se borra de mi mente. (….) también lo fue por un hecho triste y doloroso que me dejó una herida incurable en las mismas entrañas: la muerte de mi madre, que fue el mayor de mis dolores.”. Parece clara la importancia de la figura materna en Mairena– aunque no sepamos con exactitud, como se ha dicho, si lo era por la relación que madre e hijo tuvieron o por la simbolización que a través de ésta hizo del generoso apoyo (Refuerzo positivo) que tantas e importantes mujeres le proporcionaron en su infancia y juventud. En ese simbolismo de sana dependencia afectiva, representado por la madre, es muy probable que la abuela ocupe lugar preponderante. De hecho sus “estancias en el extranjero” se convierten en habituales a partir de la segunda mitad del pasado siglo y su abuela había fallecido en 1945. “Muchos años después de morir mi madre, cuando yo, en los viajes de mis estancias en el extranjero, estaba deseando de llegar a España, al pensar que ya no me estaba esperando mi madre, me entraba una pena muy grande y se me enredaba la angustia en la garganta.” (11).
Hay otros dos episodios que no podemos obviarlos ya que vienen a ser la confirmación social del apoyo familiar. Y esto ocurre en su pubertad y primera adolescencia.
Debía tener el joven Antonio en torno a los diez años, con motivo de la presencia del mítico bailaor Faíco a Mairena, nos dice: “Recuerdo la primera vez que salí cantando en presencia de otras personas. Fue en una fiesta gitana familiar. Hasta entonces ni mis padres me habían oído. (….) De pronto en medio de la fiesta y sin que nadie lo esperara, yo salí cantando un tango ….(….) Mientras yo cantaba, Faíco salió bailando fantásticamente.” (12). Y lo más importante, la positiva expectación que debió despertar cuando: “…Faíco me cogió en brazos y se volvió loco conmigo”.
La siguiente obtención de refuerzo multitudinario le ocurrió a los catorce años en Alcalá de Guadaira: “Recuerdo que al concurso se presentaron muchos aficionados y hubo que hacer una selección antes. (….) Se habían establecido varios premios en metálico, y yo me llevé el primero: veinte duros de los de entonces. Me lo entregó Joaquín el de la Paula, el gran maestro de Alcalá. (….) …me otorgó el premio por derecho propio. En el ánimo del jurado influyó que mi forma de cantar se parecía mucho a la de Joaquín y a la de Manuel Torre, ya que era muy grande la veneración por estos genios.” (13). Y tanto. Esa veneración le acompaño durante toda su vida y puede decirse que hasta en su muerte ya que ambos se encuentran en las esquinas del mausoleo idea del Maestro y ejecución de Antonio Gavira.
La autoconfianza, que puede muy bien entenderse desde su concepto de la Razón Incorpórea, lo lleva a recorrer esa travesía del desierto de los primeros años de posguerra y no modificar su firme convicción del cante y de su responsabilidad ante la historia: “…yo era como un sonámbulo que se movía en un ambiente ficticio, completamente adverso para mí. (…) Ahora pienso que salvé mi verdad en aquel naufragio gracias a la esperanza profunda que yo tenía, casi sin darme cuenta, en que un día el cante despertaría con toda su grandeza y sería reconocido en su gran valor. Esta esperanza me servía de consuelo en los momentos difíciles, ante tantas incomprensiones y tanta ignorancia y ante las humillaciones que sufría el cantaor en el ambiente flamenco de aquella época.” (14).

………………………………………………..
El entorno socio familiar como proveedor de las formas flamencas

Se podría decir que el niño Antonio llega al mundo en el lugar adecuado y en el momento oportuno. La localidad de Mairena, a través de su afamada feria, se convierte en un crisol musical y flamenco de primera magnitud. Allí se dan cita y convergen todas las tendencias nómadas, comerciales y artísticas de la Baja Andalucía. Algunos visitan la feria para regresar cada año, otros se quedan, sea en la propia localidad o en localidades próximas de Los Alcores. Y todo este trajín configurará un propicio modelado (15) para el desarrollo y aprendizaje de las formas musicales: “Mairena ha sido siempre una localidad eminentemente cantaora, no sólo en los cantes gitanos, sino en otros cantos populares andaluces”. Nuestro artista va más allá al reconocer lo positivo de este ambiente en su formación musical, le concede al entorno una formación de trascendencia futura angular, El Mairenismo, : “Y este clima influyó en mi formación artística y en lo que ha podido llamarse el mairenismo” (16). Para repetir en la página siguiente: “En el cante flamenco Mairena ha sido muy especial. Su población no gitana siempre se ha distinguido por sus buenos intérpretes, que en todo momento se han inclinado por los matices gitanos.” No hay que olvidar, que “la pureza” está en “lo gitano”. Por el contrario “la impureza”, la adulteración, lo comercial, etc., no. Ilustra también esta aseveración del maestro, la anécdota referida al Niño Gloria por no satisfacer las expectativas del público en el sentido de que cantara “…por bulería o por soleá.” En vez de hacerlo únicamente por fandangos (17).
Muchos son además los parajes autobiográficos en los que Mairena nos ilustra sobre la especial escuela que tuvo en su propia familia. Al referirse a su madre dice: “…que bailaba por tangos como yo no he visto bailar a nadie.” O su tío el Moreno, hermano de Faíco: “…que cantaba para comérselo.” (18). Remata la importancia artística de los modelos familiares por línea materna con un: “Modestia aparte, en la casa de mi abuelo la gracia y el salero corrían a raudales” (19).
Más referencias familiares: “Diego (el de Brenes) era un portento en los cantes de Tomás el Nitri, que yo aprendí precisamente de él. (….) Irene, la guapa moza que me cortó a mí las uñas cuando nací y que era una cantaora de la talla de Pastora Pavón, Niña de los Peines;” (20). Cabe añadir a su tía abuela Francisca de la que aprendió romances, como se apuntó anteriormente.
A mayores del oportuno ambiente hacia el flamenco en toda Mairena y de los directísimos modelos familiares, Antonio conoció de cerca y aprendió de otros referentes aficionados y profesionales gracias a la fragua y a la afición de su padre Rafael: “Allí, en la herrería, empezaba a sonarme la voz y principiaba a escuchar buen cante, a través de los cantaores amigos de mi padre, que era un gran aficionado. (…) La extraordinaria afición de mi padre al cante y su amistad con los grandes cantaores de entonces facilitaron mi iniciación en el arte gitano-andaluz.” (21).

…………………………………………………….
La adquisición de una moralidad superior

A la férrea confianza en sí mismo, junto con el entorno musical modélico, hay que añadir un tercer factor que nos explicaría su señorío vital y su pertinaz defensa – casi mesiánica- de la pureza en lo flamenco.
El joven niño Antonio Cruz fue dotado de un aprendizaje moral que en términos de Lawrence Kohlberg podríamos llamar superior (22) –la denominada por el referido autor como Orientación de principios éticos universales- siendo este aspecto el que fundamentaría su fuerte sentido de la pureza o su concepto poliédrico de La Razón Incorpórea. Orientación, que como todos los que lo conocimos sabemos muy bien, no se limitó a su honestidad artística, sino que fue llevada con creces a su vida personal como gitano de bien (23).
En el año 1945, recordemos, muere su abuela La Morena dejándole un baúl como herencia, en él se encuentra, aparte de los “cachivaches inservibles”, el caudal, “… un caudal espiritual, más valioso que todos los capitales del mundo, porque era el testimonio de su honra, su reliquia de gitana de bien,…”. A Mairena le causaría tal impacto dicho “caudal” que diría: “Treinta años después de aquel hallazgo entrañable, me pongo a considerar que en el cante pasa lo mismo. Al igual que la honra de la gitana, la honra del cantaor está en la conservación de la pureza, de la pureza de los cantes, y en saber guardar la herencia recibida sin contaminarla.” (24).
Hay también una expresa mención a Matilde Franco: “Otra vieja gitana que recuerdo con emoción (….) me refirió costumbres muy antiguas de los gitanos y me ilustró bastante sobre nuestros ritos y tradiciones.” (25).
Pero tal vez donde mejor queda patente su acusado sentido de la moralidad es en dos pasajes. En el primero trata de definir la Razón Incorpórea afirmando que: “…es el honor nuestro, la base de la cultura gitana, el conjunto de nuestras tradiciones y de nuestros ritos antiguos: una cosa que sólo entiende un gitano como Dios manda…”. Para seguir poniéndola en el origen del cante: “Es la razón primera y la que nutre el cante…”, y finalmente hacerla responsable de todo un comportamiento moral, como se ha dicho, de orden superior: “Pero la Razón Incorpórea significa también, como se puede suponer, una forma de comportarse, que consiste en cumplir una ley moral, la ley gitana, que entre nosotros debe de ser algo sagrado y que supone, fundamentalmente, respetar, defender, y conservar celosamente nuestras tradiciones, y, con ellas, respetar a nuestros mayores, respetarse los unos a los otros, y, en fin, ser un buen gitano. Esa es la ley gitana” (26).
Estos principios morales tendrá la ocasión de ponerlos en práctica al hablarnos de Las angustias de la Guerra Civil, donde se refiere a “…gentuza infame que incluso convivía conmigo…”, a la que respondió, como era de esperar, según su recto proceder: “De toda esa tragedia me quedó la enorme satisfacción de poder decir que hice muchos favores y que no causé ningún mal a nadie, y, sobre todo, que me comporté así a cambio de nada, o, mejor dicho, a cambio de salvar mi tranquilidad de conciencia y mi libre albedrío.” (27)
……………………………………

A modo de conclusiones

Parece evidente según lo expuesto, que Antonio Cruz, como cualquier otro ser vivo, es el resultado de unos determinantes ambientales –sin obviar los personales-, en constante reciprocidad. Nosotros aquí, partiendo de las “Confesiones…” hemos esbozado aspectos del ambiente: Programas de refuerzo a los que fue sometido -recompensa y extinción-, y que determinarían su fortaleza interior para alcanzar sus objetivos; modelado -ambiente musical de Mairena del Alcor junto con el ambiente familiar-, y que determinarían el conocimiento de las formas del cante. Finalmente, la robustez de sus modelos de referencia le proporcionaría, la construcción de una moralidad que marcarían su estricto sentido de la “pureza”, alcanzando ésta su máxima expresión, en su cometido vital esencial de preservación y fomento del cante gitano andaluz desde una ética y una estética únicas.
………………………………….

Bibliografía

1.- Rodríguez Lozano, F. Un cuarto de siglo sin el maestro. www.laopiniondezamora.es , 21 – IX - 09, suplemento dominical en PDF. Pp 8 y 9.

2.- Ortega y Gasset, J.: Meditaciones del Quijote. Ediciones Cátedra. Madrid; 1984, p. 77.

3.- Watson, J. B.: Behaviorism. (2º edición) Norton. New York; 1930, p.104.

4.- Skinner, B. F. Ciencia y conducta humana. Editorial Fontanella. Barcelona; 1977, pp. 158 a 169.

5.- Bandura, A. Teoría del aprendizaje social. Espasa Calpe. Madrid; 1987, pp. 227 a 249.

6.- García Ulecia, A. Las confesiones de Antonio Mairena. Secretariado de publicaciones de la Universidad de Sevilla. Sevilla; 1976.

7.- García Ulecia, A. Ope. cit., p. 45.

8.- Ibíd., pp. 46 y 47.

9.- Ibíd., p. 48.

10.- Ibíd., p.113.

11.- Ibíd., p. 67.

12.- Ibíd., pp. 51 y 53.

13.- Ibíd., pp. 54 y 55.

14.- Ibíd., pp. 79 y 80

15.- Bandura, A. Pensamiento y acción. Ediciones Martínez Roca S.A. Barcelona; 1987, pp. 68 a 127.

16.- García Ulecia, A. Ope. cit., p. 16.

17.- Ibíd., p. 39.

18.- Ibíd., p. 43.

19.- Ibíd., pp. 43 y 44.

20.- Ibíd., p. 45.

21.- Ibíd., p. 49.

22.- Kolhberg, L.; Power, F.C. y Higgins, A.  La educación moral según Lawrence Kolhberg. Gedisa. Barcelona; 1997.

23.- Rodríguez Lozano, F. Antonio Mairena: Un gitano universal. Cuadernos Gitanos. Instituto de Cultura Gitana. Madrid; 2009, pp. 24 y 25.

24.- García Ulecia, A. Ope. cit., p. 114.

25.- Ibíd., p. 48.

26.- Ibíd., p. 81.

27.- Ibíd., p. 95.

Artículo publicado en el libreto ilustrativo del XXXV FESTIVAL FLAMENCO DE CÁCERES

Dejar una respuesta

CAPTCHA image