EN RECUERDO DE PACO DE LUCÍA

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FEDERICO VÁZQUEZ ESTEBAN (*) No es fácil dejar plasmado en unas letras, la personalidad de este guitarrista; por mucho que se quiera transmitir su impronta flamenca, se hace necesario haberla visto y escuchado en alguna de sus actuaciones e interpretaciones, para comprender lo que de él se pueda decir.

Pero, por encima cualquier opinión subjetiva, la objetividad, depara uno de los guitarristas de más personalidad en el acontecer flamenco. No estamos pues, ante un guitarrista más del mundo flamenco, sino ante un temperamento interpretativo de acusado carácter que ha marcado una manera de sonar la guitarra.

Nada de lo que ha hecho y nos ha dejado grabado, ha pasado desapercibido para quienes, de una manera u otra, hemos tenido ocasión de disfrutar de sus falsetas. No es baladí, y en ningún caso lisonjero, reconocer su aportación al acervo flamenco, a través de sus matices personales volcados a través de la relevante musicalidad de su guitarra.

Pocos «artistas flamencos» atesoran un bagaje tan rico de aportaciones, que se entremezclaban en un entender interpretativo muy variado y que, de manera natural, enriquecía una estética «tocaora» y escénica, identificadora de su manera de ser y entender el hecho flamenco y lo flamenco.

Ha sido una explosión arrebatadora, en busca de giros melódicos solo al alcance de los elegidos; estará siempre unido y permanecerá indisolublemente identificado, cuando de recordar maneras de expresar y sentir se trate.

Ha sido pues, Paco de Lucía, una figura representativa de expresión a través de las cuerdas de su guitarra, que no dejaba a nadie indiferente porque su arrojo te llegaba, de manera indeleble, a la entraña de la piel. Sus falsetas prodigiosas y esa manera hacer hablar a su «amiga guitarra», removía la médula sensible de cualquiera, te gustara o no te gustara, la musicalidad flamenca. ¡Qué calidad y cualidad! No vamos a decir que no nacerá otro igual, pero sí que pasarán muchos años hasta que los hadas flamencos nos deparen otro o parecido.

¡Que buen vasallo para tan buen señor! Sin dudarlo, pocos han sido y serán tan buenos valedores del toque flamenco o aflamencado, así como mejores mensajeros y embajadores. El recuerdo de Paco de Lucía, estará también ligado al recuerdo de esa manera de tocar y a sus aportaciones, dimanantes de una búsqueda ininterrumpida de nuevas maneras expresivas y musicales.

Al hilo de este pequeño esbozo de recuerdo, me viene a la memoria su estancia en Cáceres.

Y, en ese recuerdo, no puedo por menos que rememorar su estancia en estas tierras extremeñas, porque fue algo inolvidable por las circunstancias que se dieron. Era por la década de los 80 del siglo pasado, con motivo de un Otoño Musical de la Diputación de Cáceres, en el que colaboró la Peña Amigos del Flamenco de Extremadura-Cáceres. Era por entonces director de la Institución Cultural El Brocense, el profesor Romano García.

Había actuado en Grecia y tuvo problemas para salir del aeropuerto. Me llamaron de su entorno y me indicaron que no sabían si podrían llegar para la actuación del día señalado; que lo intentarían aun cuando tuvieran que fletar un avión privado. Así fue y cuando ya tenían solucionado lo del avión privado, volvieron a llamarme y me pidieron que si era posible enviarles un autobús al aeropuerto de Talavera La Real (Badajoz), para que los recogiera y los pudiera traer a Cáceres. Como es natural les dije que sí y para allá se envió un autobús a recogerlos.

Llegados al Auditorio San Francisco, se le había preparado el despacho del director de la institución, para además de serle más cómoda la estancia, evitarle y alejarle de los curiosos que le pudieran importunar antes de la actuación. Le gustó la «sala de espera» y estuvo dicharachero. Al poco, dijo que quería hacer algo de calentamiento de manos y templó la guitarra. Ello me confortó sobremanera porque barrunté que se encontraba bien de fuerza y tenía ganas de tocar.

La fotografía que ilustra este artículo, hecha por Boni Sánchez, avala su estancia en el Auditorio San Francisco. Además, me recuerda Boni Sánchez, que se partió una uña durante el evento.

Cuando después de ese calentamiento de manos, inició la salida hacia el auditorio, no daba crédito a lo que podría acontecer, después de las vicisitudes pasadas para tenerlo allí presente.

¡Qué poderío! No era posible, que con sus facultades físicas mermadas por ese cansancio de horas de incertidumbre y viaje tan largo, pudiera atesorar, todavía, esa fuerza «tocaora».

Es verdad -sucede a menudo-, que el recuerdo te hace enaltecer en demasía lo que has vivido. Quisiera ser lo más objetivo posible, para evitar caer en eso que muchas veces decimos: «no me cuentes batallitas».

Lástima que, los hados flamencos, no hubieran resguardado a tal genial guitarrista, y le hubieran preservado del achaque que se lo llevó. Pero, bien es verdad, que siempre perdurarán sus maneras de expresar y sentir y que, quienes tuvimos la dicha de poderle disfrutar, seremos los altavoces que difundiremos sus calidades y cualidades flamencas y artísticas. Y, en su recuerdo, el recuerdo a su guitarra y esos «sonidos negros», que dijera el gran cantaor Manuel Torre, para el recuerdo.

Porque, a no dudarlo, quien mejor la conocía y le daba lo que necesita su capacidad musical a la guitarra, era Paco de Lucía que, con su toque tan profundo, la embutía de lo que necesitaba para encontrarse con lo que para un flamenco debe ser irrenunciable: la Estética de lo jondo.

Dejó para la posteridad, además de sus falsetas, una nueva manera de coger la guitarra y la aportación del Cajón a la musicalidad flamenca.

Hasta siempre, Maestro.

(*) Presidente Unión Cultural y Centro de Documentación “Amigos del Flamenco de Extremadura”. Cáceres. Fundador de la Peña Cultural Flamenca “Amigos del Cante” de Zamora (Fundada en 1974).

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