La Opinión Viajera “Esencia de Mujer”: EL ENTORNO HACE MÁS GRANDES A LOS ARTISTAS ZAMORANOS

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Aún teniendo en cuenta que el sonido, la iluminación o la propia decoración del escenario nada tienen que ver con toda la inmensa parafernalia que rodea a los Festivales de la Tierra del Vino, el entorno es el entorno. Cierto es que con su halo mágico por lo que alberga y por lo que significa. El entorno impone y a la vez motiva, como ocurriera en la pasada edición del IX Festival, llegando a su cenit con la imponente y memorable actuación del gran onubense Guillermo Cano. También el pasado viernes, los artistas de la tierra se vieron imbuidos con creces por las vibraciones de tan señaladísimo contexto.antonio-regalado-foto-victor-l-gomez.JPG

“Detrás de toda mujer siempre hay un hombre torpe, y a mi me tocó el mío”.  La rumbosa Carmen Ferreras –ejecutora de una magistral presentación, como en ella es habitual- se dirigió de esta manera al respetable para explicar con irónica inteligencia el olvido de llaves automovilísticas determinantes de la tardanza en su aparición en escena. ¿A quién se refería? La solución en próximos capítulos.

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Abre la noche Ruth Fonseca, con música de fondo por cantiñas con elaborado zapateado final. Enseguida se notó la mano de “Amor de Dios”, y eso que lleva apenas unos días. Ahora su fuerza emocional e interpretativa empieza a caminar hacia el arte. El flamenco es fuerza, facultades, coordinación, emocionabilidad –el duende-, pero sobre todo dominio, en ocasiones en un palmo de espacio escénico. Esa es su grandeza: la permanente doma de lo salvaje. Y eso ha empezado a entenderlo la saucana, lo que la llevará por el camino del arte supremo en la danza flamenca. ¡Ánimo Ruth!.

Sale a escena la de Villalpando, Mirian Raposo, acompañada por la guitarra de Emilio Fernández y la percusión de Rubén Barrul. En esta ocasión demostró más seguridad, más aplomo sobre el escenario, lo que prueba que la práctica es el mejor bálsamo para el aprendizaje, siendo la posibilidad de dicha práctica, la inestimable aportación del periódico. Mirian desgranó temas de Falete, Rocío Jurado y Nuria Fergó, para ejecutar después, unas más que interesantes sevillanas, “Cantaban a la Virgen poemas” y despedirse con una rumba. También muy relevante su aportación a la velada siendo bien recompensada por el público asistente.

Llega el turno de Eva Valle y Antonio Regalado. Ambos demuestran en cada una de sus actuaciones la enorme capacidad para la mejora. Eva “es un tesoro que no puede permanecer oculto”, en palabras de Carmen Ferreras. La del Pego recordó que en el pasado Festival tanto ella, como todos los demás artistas, dedicaron su actuación al insigne Blas Vega y que en esta ocasión también lo hacían. Su madurez parece impropia de sus recién cumplidos dieciocho años. Tientos y tangos. Las tres primeras coplas de tientos gaditanos clásicos con sabor a su creador, el memorable Enrique El Mellizo, pero con la impronta de Manolo Vargas, las cinco coplas siguientes cantadas por tangos, todas de La Niña de Los Peines. Muy aplaudidos. Malagueña de Concha La Peñaranda que la bordó. Y es posiblemente, la más levantina y minera, por lo que dominarla, como Eva lo demuestra, le tiene que abrir necesariamente la puerta de todos y cada uno de los siete cantes mineros. Poco a poco, todo se andará. Sigue por el romance de la reina Juana aprendido de Fernanda de Utrera pero ya con aportaciones muy personales. Más aplausos. Imponente granaína y media para terminar por fandangos, el segundo de El Almendro, tercero de Manuel Vallejo y, al despedirse, el público les rogó más y más, por lo que fuera de micrófono encaró uno de Manuel Torre.

Cierra la actuación individual, de nuevo Ruth Fonseca, por soleá con ritmo de bulería. Nuevamente vuelve a demostrar su excelente capacidad para la mejora, su acusado sentido del compás y su evolución natural al baile de mujer a pesar de su reiterada tendencia a los pantalones. Muy aplaudida.

Se despiden todos los artistas en escena con un fin de fiesta más que sugestivo, la voz de Eva Valle, la danza de Ruth Fonseca y las palmas de Miriam Raposo, o lo que es lo mismo, el cante y el baile de la Guareña, las palmas de Tierra de Campos, y todo, todo ello, en el epicentro del flamenco zamorano, La Tierra del Vino, en Morales del Vino, poseedor y albacea del Patio del Flamencólogo José Blas Vega y su eterna memoria. Noche redonda para los anales del flamenco zamorano.

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