XLI Festival Flamenco de Zamora. Misa Flamenca: MARÍA AUXILIADORA Y SU PÁRROCO RECIBEN A LA MISA JONDA PARA QUEDARSE

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La experiencia ha sido altamente favorable. Puedo decir que ha desbordado las expectativas más optimistas, en una fecha y en un entorno que animaban a la incertidumbre. María Auxiliadora con una capacidad que supera las cuatrocientas almas, se colmó en el cambio de escenario de la Misa Flamenca.

Seguramente el entorno, Los Salesianos, su dinámica población –particularmente su juventud- el alto nivel de los artistas, y sobre todo D. Eleuterio, han sido determinantes. El párroco ha demostrado ser un excelente maestro de ceremonias, planteando la despedida con solución de continuación. No obstante D. Benito Peláez siempre estará presente en nuestros más profundos afectos.

Centrándome en el mello de la Misa, mucho y muy bueno. Abrió el joven tocaor Jesús Zarrias para dar entrada a una explícita y reveladora plática del oficiante sobre El Bautista, y la importancia de la efemérides el veinticuatro de junio. Dejó claro que en esta fecha tan señalada celebramos su nacimiento en vez de su muerte, como ocurre habitualmente en el santoral. Todo esto, además de señalar al Bautista como el precursor y comunicador del que va a llegar, fue desgranado a pie de público con micrófono inalámbrico.

En el “Señor ten piedad” los artistas entonan magistralmente soleá de Agustín Talega seguido del arcaico palo de la caña. Perfecta ejecución. En el “Santo”, Julián Estrada nos sorprende con un magnífico cante por marianas. Alcanzando uno de los momentos más sublimes en el “Padre Nuestro”, aquí los artistas, con la monumental voz del Juli –en perfecta consonancia con la monumentalidad y acústica del templo- nos deleitan por malagueñas. La Primera de gaditano Enrique el Mellizo y la segunda del Canario de Álora. Sin duda fue el momento cumbre de un acto memorable para la eternidad flamenca zamorana.

La muestra antológica por fandangos de Huelva en el momento de la masiva comunión de fieles presentes, fue la bendición casi definitiva. Quedaba la sorpresa de la velada, incluso cuando el público, incapaz de contenerse, eclosionó en un emotivo aplauso unánime.

Finalmente, la paz dada por el sacerdote sirvió de preámbulo para que Julián Estrada, perfectamente acompañado por su sobrino Jesús Zarrias, nos deleitara con una personal versión de “A mis amigos” de Alberto Cortez. Eso sí, en versión de tango por bulerías y en impecable y preciosa versión del pontanés.

Más aplausos, y más felicitaciones que nunca en Misa Flamenca. El cambio, parece que ha merecido la pena.

Mañana la crónica de Festival.

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