EL ADIOS DEL LEÓN DEL ALBAICÍN

morente-cante-flamenco.jpgmorente-cantes-antiguos-del-flamenco.jpgmorente-homenaje-a-chacon.jpg

Enrique Morente Cotelo (Granada 1942 – Madrid 2010) nos ha dejado ayer a las cinco de la tarde como consecuencia de un proceso quirúrgico iniciado el pasado día 3 en la Clínica “La Luz” de Madrid.

Granadino del hermosísimo barrio del Albaicín, se inicia musicalmente como seise de la Catedral, accediendo con ello a una educación vocal que muy probablemente le haya ayudado a lo largo de toda su carrera artística.

Estando en sus últimos años de adolescencia se traslada a Madrid donde entre en contacto con José Blas Vega y la por entonces activa Peña “Charlot”. Después de ejercer diferentes oficios para sobrevivir en la capital, entre los que cabe destacar el de zapatero, debuta formalmente en la citada peña en 1964 con una excelente acogida por parte de los aficionados presentes, algunos de la talla del referido Blas Vega o el maestro Pepe de la Matrona. A partir de ahí su carrera fue y ha sido fulgurante, empezando por su primera grabación tres años después, con el acompañamiento de Félix de Utrera. Uno meses más tarde, en 1969, edita la que posiblemente sea su mejor obra: “Cantes antiguos del flamenco”, esta vez con la genialidad de Niño Ricardo a las seis cuerdas. Producida y prologada por Blas Vega bajo el sello de la legendaria Hispavox. Esta relación con el flamencólogo y productor madrileño le abriría la puerta a Morente para una importante contribución en la que sin duda ha sido la mejor antología de flamenco editada hasta la fecha: “La Magna Antología del Cante Flamenco”. Pero además, también para compartir escenarios “cultos” en ámbitos universitarios o en el mismísimo Ateneo de Madrid, como ocurrió en 1970, acompañado por Manolo Sanlúcar.

Cotejando datos con el amigo Eduardo Abril podemos afirmar que su primera presencia en Zamora data del tercer Festival de San Pedro, en 1973. Volviendo a finales de 1977 para actuar de forma privada en la Peña, acompañado de Juan Habichuela. Poco después actúa para el público en el Teatro Ramos Carrión. En 1986 regresa al Festival, rematando sus presencias artísticas en nuestra ciudad en el trigésimo segundo Festival de San Pedro, el del 2002. Para entonces Enrique Morente ya llevaba muchos años alejado de la condición de cantaor respetadísimo para convertirse en un artista mediático de la música española. Prueba de ello es la distinción otorgada por el Ministerio de Cultura en 1995, con el Premio Nacional de Música, la primera vez que lo recibe alguien vinculado al universal arte del flamenco.

A Enrique “El Granaíno” como era conocido en sus primeros años de Madrid, le cabe el mérito –para algunos el demérito- de ser el autentico pionero en abrir el flamenco a nuevos públicos, con frecuencia en forma de multitudes, tanto por lo que se refiere a la asistencia a sus conciertos como a la venta de discos. Pero también, en la discografía de su primera etapa puede encontrarse la labor de un cantaor enciclopédico, cabal donde los haya, genial y sobre todo comprometido honestamente con su profesión y con su tiempo. Finalmente, no se debe olvidar su labor de “regeneración” lírica adaptando letras de Cervantes, Lope de Vega, San Juan de La Cruz, Lorca, Miguel Hernández, y hace dos años, la poesía del propio Picasso.

¡Sit tibi terra levis!

Dejar una respuesta

CAPTCHA image