Aulas de Flamenco: MIGUEL ORTEGA, CON MANUEL MARTÍN COMO MAESTRO DE CEREMONIAS, CONFIRMA SU REINADO EN ZAMORA

la-magestuosa-trinidad-con-manuel-martin-en-el-epicentro-camerinos-de-caja-duerto-foto-frl.JPGDesde estas mismas páginas lo habíamos anticipado. Y el perspicaz público zamorano lo había captado suficientemente llenando el pequeño coliseo de Caja Duero. Sería –y ha sido- una noche para la historia. Pero vayamos por orden. Y por intervinientes.

 Nos quedan tres maestros de la Flamencología: El maestro de maestros (A la localidad de Morales del Vino le cabe el honor de que uno de sus espacios culturales más emblemáticos lleve su nombre: “Patio del Flamencólogo José Blas Vega”). El indiscutible segundo, al que le están lloviendo los merecidos homenajes, Luís Soler. Y por último, Manuel Martín Martín. Ciertamente todos distintos. Ninguna conexión entre ellos, pero por razones distintas –que no van a ser motivo de análisis en esta modesta crónica- de capital importancia los tres.

Centrándonos en Manuel Martín, que en definitiva es quién nos ocupa, vuelve a ser el orador más escrupuloso de cuantos pasan por el afable entorno de la entidad de ahorro. Con mis respetos a los demás, porque son todos ellos excelentes conferenciantes. Manuel Martín está en otra órbita. Está en la galaxia de la crítica sin paliativos y también en la crítica con cargas de profundidad. Pero Manuel Martín Martín tiene mucho más como ha quedado demostrado el viernes en Caja Duero.

Nos habló del fandango desde el estudio más profundo. Pateando el territorio onubense acompañado del maestro Paco Toronjo y de Onofre López, por ejemplo.

Ddiseccionó como el mejor forense la distribución de los fandangos sobre la piel de Andalucía. Desde la aparición del término –y del concepto- en 1705. La primera grabación –que se sepa- efectuada por el Niño de Cabra, en 1901, hasta una de las primeras etapas más gloriosas, la comprendida entre 1926 y 1936. Los sitúa geográficamente destacando sus más carismáticos intérpretes. Muchas consultas, muchas audiciones y por supuesto una acusada inteligencia al servicio de la investigación y la crítica flamenca.

La parte musical no le fue a la zaga. Miguel Ortega acompañado de la guitarra de Javier Patino, abren con las granaínas de José Cepero, con aires de malagueña. Siguen con alegrías –de Cádiz y de Córdoba-. Continúan por seguiriyas. La primera de Paco La Luz, la segunda de Manuel Torre, y la de cierre de Juan Junquera. Apoteósico. Prosiguen por preciosas bulerías. El respetable pide más y Miguel Ortega corresponde con una excelente tanda de fandangos siguiendo al “Maestro Paco Tortonjo”. Todo ello muy aplaudido con el público de pie al final de la completa velada.

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