XII Noche Flamenca de Villaralbo: LA ALTA PROFESIONALIDAD DE LOS ARTISTAS MITIGÓ LOS RIGORES DE TIEMPO

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Después de tantas jornadas de altas temperaturas de cara, la de ayer se tornó en la cruz. Noche ventosa y fría. Además jueves. Pese a ello en el acogedor patio de la discoteca municipal de Villaralbo se congregaron más de seiscientas personas. Estaba claro: el calor lo tenían que poner los artistas, y doy fe de que lo pusieron.El presidente peñista, Santiago García, sube al escenario para hacer los agradecimientos de rigor de la presente velada, haciendo entrega del cartel de la misma al ineludible alcalde Santiago Lorenzo Peláez y al buen cartelista Francisco Somoza. Todos muy aplaudidos.

Retoma el hilo conductor ese maestro de la transmisión oral –no en vano ha dedicado toda su vida a formar alumnos en las aulas de las enseñanzas secundarias- Juanjo Seguín, para presentar al joven pero avezado cantaor de Los Palacios, Miguel Ortega, con el toque del ya consagrado Manolo Herrera. Alegrías y cantiñas con juguetillo de inicio muy personal y apropiado. Siguen por una muestra antológica de soleares, Joaquín el de La Paula, Agustín Talega, Pineda El Zapatero, Ramón El de Triana, La Serneta, Enrique El Mellizo, Curro Frijones, Paquirri El Guanté y solearilla de cierre. Apoteósico, y bien entendido por el respetable. Continúa por bulerías con dos partes bien diferenciadas, la primera recordando a el malogrado Turronero y la segunda a Antonio Mairena – y en esta a Pastora Imperio-. Finaliza su brillante actuación con fandangos en la línea de Paco Toronjo. Tanto él como el tocaor gustaron a rabiar.

El magnífico cuadro de baile “Madrid Flamenco”, casi nada el plantel. Al baile Raquela Ortega, primerísima figura de los tablaos madrileños y La Popi que está llamada a serlo en poco tiempo. Al toque, Juan Antonio Muñoz y Niño Manuela. Al cante otro número uno, Jesús El Almendro. El baile ejecutado por La Popi lo hace por soleares y el de La Raquela por cantiñas. Terminando todos la magnífica actuación por fiesta. Aplausos prolongados con público de píe y descanso.

Abre la segunda parte Manuela Cordero y Manolo Herrera. Ambos gustaron y mucho. Empiezan por tientos y tangos. Siguen por alegrías. Y…”Con el permiso de ustedes voy ha cantar por seguiriyas”. ¡Claro Manuela, tienes nuestro permiso, estás en Zamora! La primera de Manuel Cagancho, la segunda de Diego Marrurro y el cierre del Ciego de La Peña. Continúan por bulerías y dos canciones por bulerías, la primera de María Dolores Pradera y la segunda se le ha oído al catalán Sisa. Los abrumadores aplausos determinan a mayores dos fandangos, uno del Carbonerillo y el otro de Paco Toronjo.

Su majestad El Yeyé de Cádiz y el maestro José María Molero cierran la primorosa noche. Sale Antonio solo con su respetable cacha dando un repaso a las tonás. Se incorpora Molero para hacer muestra antológica de alegrías y cantiñas. Hablamos de las dos de la madrugada, un apreciable frío y no se movía del asiento nadie. Bueno casi nadie. Se meten por seguiriyas sentando cátedra de nuevo: El Mellizo, Francisco La Perla y cambio del Ciego. Aplausos a rabiar y tanda de chistes: “Entra un tío en un bar y le dice al camarero: ¿Tiene Ud. rabo de toro? Pues sí –le contesta el hostelero- Pues quítese las moscas de la espalda”, el público a pesar de la desapacible noche, “se tira” por los suelos. Este es el Yeyé y esto es el salero gaditano qué Chano, y antes Pericón, espaciaban a raudales por todos aquellos lugares por los que iban. Terminan con una prologada y suculenta entrega de bulerías de Cádiz que junto al resto de la noche quedarán para la historia. Y la historia del flamenco en Zamora ya empieza a ser favorablemente densa.

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