SARA GARCÍA-EL COMERCIO
No encontró la felicidad, pero no por ello su aventura en el K2 (uno de los catorce ‘ochomiles’ que existen en la Tierra) resultó menos gratificante. Bajo el sugerente enunciado ‘¿Dónde estás, felicidad?’ el montañero y médico asturiano Jorge Egocheaga relató ayer en el pabellón Cajastur del recinto ferial Luis Adaro, en Gijón, su ascensión al K2, a la que dedicó dos meses en el verano pasado.
La primera pregunta era obligada. ¿Por qué un título más propio de un libro de autoayuda que de una escalada a un ochomil? Y, Egocheaga, casi sin pensarlo respondía: «Es un poco lo que buscamos todos». Y era lo que también perseguía él en las montañas del Karakórum, una sección de la cordillera del Himalaya, en la frontera entre Pakistán, India y China. «No la encontré, aunque la busqué», confiesa. Y, promete, seguirá «buscando».
De momento, se conforma con compartir sus experiencias con el numerosos público que acudió a su conferencia y en la que no faltaron imágenes y vídeos del impresionante K2 para acompañar la narración.
«Fue una ascensión difícil porque había poca gente. Además, el tiempo era inestable, pero se consiguió», rememora Egocheaga, quien, de momento, asegura que pasará un tiempo antes de que vuelva a las montañas que tanto le apasionan.
«Por ahora no tengo nada pensado, me quedaré por aquí, a trabajar», dice este médico que se dedica a la medicina deportiva y, como él mismo precisa, no es un profesional de la montaña a pesar de que cuenta en su haber con todo tipo de ascensiones. Entre otras gestas, ha culminado diez ‘ochomiles’ y está considerado uno de los escaladores más veloces. No en vano, consiguió subir y bajar el Broad Peak -la duodécima cumbre más elevada del planeta, de 8.047 metros- en sólo 21 horas. Y aunque no tiene nada en mente en el horizonte cercano, sí guarda en su interior algunas aventuras que le gustaría vivir. «Hay muchas cosas que me gustaría hacer, como escalada en roca, de mayor dificultad», explica este montañero ovetense. Pero, matiza, «pasan los años y cada vez es más difícil por cuestiones de trabajo». Optimista, Egocheaga reconoce que, en cualquier caso, «los sueños siguen ahí».
De vuelta al tema de su ponencia, organizada por Cajastur, a Jorge Egocheaga le cuesta un poco encontrar las palabras para definir eso que tanto persigue, la felicidad: «Son momentos muy etéreos, en los que uno…, Es algo muy difícil de definir, pero que es muy intenso». Y rápidamente opta por el término «intensidad» para explicar qué es la felicidad. Un estado que si no encontró, sí rozó durante su experiencia en el K2. Un reto del que destaca «la convivencia con la gente del lugar y las experiencias y lo que compartes con los amigos». Unas vivencias que regaló ayer a los asistentes a la conferencia.
Descenso complicado
Hacia la cumbre fronteriza ascendió con otros dos compañeros, aunque sólo él llegó hasta el final, ya que Martín Ramos y Joele Brupbacher se quedaron en el campo III en un primer intento y dieron la vuelta en los 8.350 metros en un segundo.
El descenso fue muy duro y al llegar al campo III, recibió una triste noticia: la muerte de la montañera italiana Cristina Castagna que dos años antes le había salvado cuando descendía de la cumbre del Dhaulagiri, donde había tenido un accidente.
Abajo, en el campamento base, le esperaba el resto de su gente. «Personas de allí, que ya son amigos», recalca Egocheaga.
Y es que la montaña es prácticamente todo para este ovetense. «Me aporta conocimiento y vivir experiencias distintas a las de aquí. También, momentos de cierta paz», detalla, aunque asume que también «me quita muchas cosas». Eso sí, tiene bien claro que el esfuerzo y el sacrificio merece la pena: «Me da más de lo que quita. Si no fuera así, no lo haría».
