Como Sísifo
Estamos en plena fase de aclimatación, aquella que permite a nuestros cuerpos y también a nuestras mentes, adaptarse al fenómeno de la hipoxia, o lo que es lo mismo, la disminución de oxígeno en el aire ambiental, consecuencia de estas elevadas altitudes. Ayer bajamos del campo II del Kanchen, situado a 6668 metros de altura sobre el nivel del mar. La ascensión entre el campo I y el II transcurre por medio de un paisaje impresionante que comienza en una arista con vistas infinitas, prosigue a través de una calurosa y agrietada llanura glaciar y termina con una escalada glaciar, un tanto caótica.
El campo II está situado debajo de un enorme serac de hielo, que protege las tiendas, nuestro provisional hogar allí dispuesto, de avalanchas y caídas de cascotes de hielo, frecuentes en este tipo de terrenos. Después de alcanzar este increíble balcón, decidimos descender al campo base, donde se encuentra nuestro particular “Hotel Filo de lo Imposible”: refrescos para beber y bacalao frito para comer…¿se puede pedir más en un sitio como este y estas condiciones? Quizás sí, pero en este momento no se me ocurre nada.
Ésta etapa de aclimatación es, sin duda, la más dura en el proceso de ascensión a éste tipo de montañas. Los alpinistas nos vemos obligados y castigados como lo fue Sísifo por su traición a Zeus, a ascender y descender, en múltiples ocasiones, y de manera progresiva a diferentes alturas, de manera que todos los mecanismos de adaptación se vayan desarrollando para permitir un ataque final, un intento a cumbre.
Bueno, bien pensado, e intentando como siempre ser optimista, al término tenemos ventaja sobre Sísifo, ya que él ha sido condenado para siempre. Nosotros, si los hados nos son propicios, quizás un día no muy lejano, podamos intentar la cumbre de esta impresionante montaña y entonces nos veremos libres de la atracción de sus laderas.
Jorge Egocheaga. Campo Base Kanchen (25.04.09).
