Alberto Zerain narra su llegada al campo base del Kangchenjunga
ESTANCIA CAMPO BASE 1
Nada más llegar al campo base y recién tomado el té que nos ha dispensado la expedición de Edurne, nos hemos puesto manos a la obra para sacar unas repisas donde poder instalarnos. Hemos trabajado lo justo para mañana completarlo y no sufrir demasiado la altitud en la que nos encontramos, los 5500 metros. Así, como en los días de la marcha, hemos dormido compartiendo tiendas. Sólo el hecho de estar aquí, aunque no se vaya a escalar nada es una maravilla que va en aumento por momentos. Así que esta “obligada espera” hasta que vayan llegando las cosas, resulta gratificante y hasta cierta pereza asoma por nuestros semblantes cuando ningún contratiempo más parece retrasar el momento de empezar a ascender la montaña, ni tan siquiera el climatológico.
Tres de los siete que estamos en estos momentos, sí que están que no pueden esperar más para hacer una visita al campo I, así que Kobe Lasa, Oriol Rivas y Patxi Goñi, salen el 25 de Abril para pasar una noche en ese primer campamento. Salen después de comer, al mediodía, en compañía del sol y dejando sin comer el postre, pues éste será las empinadas rampas que han de salvar hasta a su objetivo. Después comunicamos por radio y nos comentan que todo ha ido según lo previsto. Ahora se enfrentarán a más de doce horas de saco que acaban por martirizar al más dormilón.
Por la mañana nos comentan que la cabeza se ha dejado notar algo y los síntomas de altitud generales también les han acompañado durante la noche. De esta forma, cuando ellos están empezando a descender, otro grupo que lo formamos: Juanjo Garra, Miguel Fernandez, Kinga Baranoski y Alberto Zerain.
En mi caso, para no variar, me preparo una mochila que da miedo sólo mirarla. Ahí he metido ya cosas de cumbre, como ropa y comida de altura, aparte comida general de grupo. En las primeras rampas cada paso que doy es un logro, pero no queda otra que pasar este vía crucis. Resulta contradictorio, pero el esfuerzo al que me someto ahora, me resulta más duro que el último día cuando se va a cumbre. Yo lo achaco a que en estos momentos en que la aclimatación escasea, someterse a este esfuerzo con el peso de la mochila, le hace a uno ponerse un poco a la altura de la montaña o pudiera ser, morir en el intento. Esperemos que sirva para crecer lo necesario para estar al nivel del monte. El Kangchenjunga no tiene necesidad de cambiar de semblante, él es una gran mole siempre preparada con sus armas, la propia y los ingredientes de los que se acompaña como: tormentas, nieve, hielo, sol, frío, viento etc. Según sean estos ingredientes, la escalada se pondrá más o menos a nuestro favor.
Pasamos la primera noche y Miguel y yo decidimos dar una vuelta hacia el campo II, mientras que Juanjo Garra decide regresar al campo base por haber sufrido de dolor de cabeza. Kinga se queda descansando e el campo I. Justo cuando vamos a ascender las rampas, después de pasado el glaciar, comienza a nevar y nos damos la vuelta. Tras una segunda noche en el campo I, bajamos en este día grande de San Prudencio, que de alguna manera u otra celebraremos. Para cenar haré un buen bacalao Giraldo que lleva nadando en agua unos días. Salud eta ondo pasa egun berezi hontan babazorro guztiei.