Lo que se hereda no se hurta dice un viejo refrán y en el caso de Ivar Vence no se equivoca. La joven cocinera del restaurante “El 22″ ha heredado el buen hacer en la cocina de sus padres Gloria Lucía y Elías, propietarios de “El empalme” que es desde hace varios años uno de los principales centros de referencia de la gastronomía zamorana y en especial de la cocina micológica de la provincia.
Ivar creció entre fogones ayudando a sus padres en la cocina y aunque llegado el momento de emprender vuelo las Bellas Artes fueron su primera opción, finalmente no tuvo más remedio que rendirse ante lo que el cuerpo le pedía que era cocinar.
Al mando de la cocina de “El 22″ la joven cocinera se ha decantado por un estilo diferente al de su madre con una propuesta más innovadora aunque, todo hay que decirlo, la influencia de “El empalme” se nota en detalles que son de agradecer como en la presencia constante de las setas en los platos o como en la sencillez de los mismos.
Ivar explica que el estilo de su cocina conecta muy bien con las nuevas tendencias de la “slow food” que supone dar la debida importancia al placer vinculado al alimento, aprendiendo a disfrutar de la diversidad de las recetas y de los sabores al mismo tiempo que se apuesta por una cocina local elaborada con productos de la zona.
Para ella detalles como la atención personalizada cuentan y la calidez que muestra al hablar de sus platos, al sugerir un vino o al despedir a sus visitantes desde la puerta del restaurante son gestos que el comensal agradece y que demuestran que en “El 22″ se cocina con el alma.
Desde que descubrí “El 22″ he vuelto en dos oportunidades con amigos que nos visitan y todos han quedado encantados no sólo por la comida sino también por la excelente relación calidad precio.
Ivar ha optado por preparar un menú mensual que ofrece los fines de semana en el restaurante, ubicado en el cruce a Villardeciervos en la carretera N-631, y de los platos que he podido probar me han cautivado todos aunque me gustaría destacar algunos.
Una ensalada templada de gambas y cítricos con un toque picante que no deja a nadie indiferente. Sus sabores me recordaron al ceviche, uno de los platos típicos de la cocina peruana, y aunque Ivar me confesó que no lo había hecho a conciencia lo cierto es que sí buscó darle al plato un toque exótico.

El foie, en todas sus formas, me fascina y el que probé en “El 22″ me encantó. El plato es un muesli de foie con teriyaki y jalea de frambuesas que untando en pan tostado artesano es una verdadera delicia. Lo de muesli es porque el foie micuit se sirve acompañado con una mezcla de frutos secos. Además, la combinación con el agridulce de la salsa teriyaki y la sutil acidez de las frambuesas, dan en el clavo.

Entre los primeros platos el menú ofrece buenas opciones tanto de carnes como de pescado: Un cabrito guisado con miel y frutos secos, un timbal de salmón ahumado con carbonara de verduritas de temporada o unos ravioles rellenos de rabo de toro con salsa de boletus son sólo una pequeña muestra de lo que el comensal puede descubrir.

Los postres son el broche de oro perfecto. Los hay más “lights” como el lassi de agua de rosas con helado de fresones (el lassi es una bebida típica de la India que se hace a base de yogur) o más contundentes como la tarta de peras con crema inglesa y crocanti de avena, un delicado mousse de queso viejo de oveja zamorano como crema de membrillo o una tarta de queso con miel y fruto secos.

No quiero dejar de mencionar el vino que tomamos, una recomendación de la casa que nos sorprendió gratamente. Se trata del vino URZ elaborado en los Valles de Benavente y que combina las variedades prieto picudo y tempranillo.
Si se animan a descubrir la cocina de “El 22″ o si ya lo han hecho me encantaría que puedieran compartir en este blog sus opiniones.
Los espero!












